A veces nos es difícil creer que los grandes proyectos se concreten de manera exitosa en nuestros países. Es usual e histórico, que los emprendimientos nacionales tengan pomposas y festivas inauguraciones, de la piedra fundamental, para que finalmente, eso sea lo único que se haga, y el saldo duerma el sueño de los imposibles, en medio de matorrales orientales o abandonados en el gélido altiplano.
A lo largo de nuestros años republicanos, de botas y votos, de populismos e interminables promesas, hemos sido fabricantes de elefantes blancos, de proyectos inconclusos e irreales que finalmente quedaron para la anécdota. Algunas de esas historias, se repiten en nuestros países del continente, en una repetición funesta de un comportamiento perverso para nuestros países.
Es por eso, al menos destacable, que grandes proyectos como el de exportación de gas boliviano a Brasil o Argentina…o el de exportación de GNL de Perú, se hayan hecho realidad.
Lo hecho por Perú en los últimos ocho años, está al ritmo del acelerado requerimiento de los grandes proyectos de gas en el mundo. Perú entendió que la única forma de desarrollar su gas para el mercado interno es desarrollándolo para la exportación y, vía barcos, a ultramar. Hasta febrero, el gas peruano ya llegó a siete países, desde China hasta Bélgica, o desde Estados Unidos hasta Corea del Sur, por poner algunas referencias reales de su alcance.
Y el desarrollo del gas peruano, implica una serie de proyectos adicionales como la petroquímica, el GNV o la termoelectricidad, entre otros. Las líneas se repiten con el éxito del proyecto de exportación de gas a Brasil desde Bolivia y la aún pendiente y posible generación de una planta de ‘gas química’ en la frontera común. Lo malo es que de nuestro lado, se ha dejado pasar el tiempo, y en los negocios, el que mucho demora generalmente se queda con las migajas.
El proyecto de gas peruano, nos recuerda también el frustrado proyecto boliviano de GNL, concebido antes de éste y que por razones hoy no analizadas, terminó sucumbiendo a las decisiones de corto plazo, y, a la pérdida de abrir nuestras compuertas comerciales gasíferas al mundo, sinónimo de estar en las grandes competiciones de los negocios. Hoy, el mar es el mejor camino para el gas y desde nuestra visión para las próximas décadas, creemos que el país no debe abandonar la idea de competir en esas aguas.
¿Por qué triunfó el proyecto peruano? Entre otras cosas por la claridad del objetivo, la estabilidad política, jurídica, social y económica que tuvo en una década. Todo eso no es poca cosa, en realidad es casi todo. Pero además, tuvo mensajes y prácticas coherentes con los inversionistas. Y también, un horizonte claro en sus proyectos. Los políticos hicieron su labor y dejaron a los expertos hacer el resto, dejaron a los técnicos, ingenieros, gerentes y al mercado, hacer su labor para hacer realidad lo dicho en el papel. Perú LNG ya no es más un proyecto, es una realidad que movió en alrededor de diez años, cerca de 10 mil millones de dólares, en el desarrollo del Terminal de Licuefacción, gasoductos y exploración intensiva.
Al final entendemos que la receta no es complicada, ni desconocida, lo difícil es hacer que todos estén de acuerdo en elaborarla. Y en ponernos de acuerdo, es donde tropezamos a cada momento en el camino de nuestros grandes proyectos, empezando por el de construir un gran país.
Opinión del presidente de la CBHE, Carlos Delius S., en la edición Nº 71 de la revista Petróleo & Gas
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