Una fórmula con millones de años de antigüedad sería la solución para generar combustibles ecológicos por la descomposición de la lignina.
El periodo Carbonífero, que duró cerca de 60 millones de años, se caracterizó por la gran cantidad de este agente que se encontraba en las rocas sedimentarias, debido a la descomposición de materia orgánica de los bosques vegetales prehistóricos. El carbón está hecho de una molécula de carbono llamada lignina, que es un componente básico estructural de los tejidos vegetales. Pocos microorganismos tienen la capacidad de descomponerla.
Una teoría afirma que los ecosistemas costeros pantanosos y las condiciones anóxicas (sin oxígeno) durante ese periodo favorecieron la fosilización de la materia orgánica vegetal en forma de carbón. Pero no puede haber sido solo eso. Un estudio publicado en la revista “Science” propone un ingrediente del pasado que, curiosamente, nos podría ayudar a producir más biocombustibles en el futuro.
Los investigadores compararon los genomas de 31 especies de hongos capaces de descomponer su materia vegetal. Entre ellas, varios de las del tipo conocido como “pudrición blanca”, que son las únicas capaces de descomponer la lignina.
De acuerdo con los autores de la investigación, la evolución de estos hongos de “pudrición blanca” pudo haber contribuido -tal vez incluso haber sido una causa fundamental- para acabar con el Carbonífero, ya que fue a partir de ahí que las plantas muertas pasaron a descomponerse por completo.
El artículo, publicado por el diario “Estadão de Brasil”, indica que la relación entre la investigación de estos hongos y el biocombustible es la siguiente: el bioetanol (alcohol combustible) se produce por la fermentación de los azúcares presentes en el jugo de la caña. El bagazo de caña de azúcar que queda en el proceso también es extremadamente rico en azúcares, que podrían ser fermentados y convertidos en combustible de la misma manera.
El problema es que, para alcanzar estos azúcares, primero se deben descomponer las moléculas de lignina que están dentro de este bagazo, y nadie ha encontrado aún una forma económicamente viable de hacer eso. Es decir, el combustible está ahí, dentro del bagazo, pero no se puede acceder a él por cuestiones económicas.
Mucha gente en Brasil y en el resto del mundo ha buscado la forma de realizar esta composición por décadas, sin éxito. Los hongos de “pudrición blanca” ahora aparecen como los prometedores candidatos para ayudar en la producción del bioetanol de segunda generación, producido a partir de bagazo de caña.
Esta receta genética de millones de años podría haber ayudado a poner fin a la formación de los combustibles fósiles en el pasado, y ahora, podría ayudar a reducir el uso de combustibles en el futuro.
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